Una revolución nunca viene de afuera

Si ustedes me leen, siguen la cuenta de Made In Guate o Guitarras de Guate, bien saben que eso de la “música nacional” lleva consigo un estigma difícil de eludir y que por alguna razón u otra es muy difícil que sea aceptada masivamente en nuestro mercado. Existen excepciones, contadas, y muy pocos logran trascender a una aceptación multigeneracional y no digamos de gustos musicales. Aquí se oye pop romántico mexicano, música de banda y narcocorridos, y reggaetón en infinidad de formas y colores pero no música nacional. Y si suena, es porque paga por sonar.

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Propuestas nuevas y buenas hay. ¿Quién las está pidiendo?

Ahora bien, los músicos independientes y los seguidores de estos no terminan de comprender que la escena es un mercado que se fundamenta en fines comerciales. Si alguien decide invertir en la música, en un programa de TV, en un formato radial, es porque considera que hay un mercado lo suficientemente amplio para generar ganancias. Así se dirigen los medios de comunicación, obviamente viven de la pauta publicitaria y eso no es nada nuevo. Nadie invierte en algo que no genera ganancias ni desea que sus negocios fracasen.

Sigo leyendo y escuchando a músicos apelar a la nobleza de los empresarios, a que desde un Ministerio de Cultura se impulsen leyes o se obligue a apoyar lo nacional, y lo irónico es que ya está en Ley lo que deben cumplir como mínimo. Veo a muy pocas voces indicando lo que a estas alturas es evidente: si todos los que decimos ser seguidores de una banda pedimos su música en radio, la programan. Si vamos a los toques y logramos una seguidilla de “sold outs” llamaría la atención de las marcas. Si dejamos de filosofar y comenzamos a apoyar, los medios se adaptarán a lo que está ocurriendo. Así fue en aquella época de “gloria” de los 90, primero la gente comenzó a ir a conciertos, empezó a hacerse visible, luego vinieron los medios y comenzaron a abrir franjas de ese género musical.

Al final, mi punto es que ninguna revolución va a venir de fuera. No esperemos que alguien de corbata y tacuche empiece a apoyar desde su escritorio. Es al revés, esa persona va a ver que la gente está acudiendo masivamente, que está consumiendo, que es un mercado interesante para invertir en ese.

Y de paso, el rockero promedio deberá comportarse mejor en los toques, porque si lo único que le llega al empresario son los bochinches que ocurren afuera de los conciertos de Metallica o semejantes, más que ganar inversión, la estaríamos perdiendo.

¿Y si comenzamos la revolución desde adentro?

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